«No se inquieten»

«No se inquieten» son las primeras palabras de Jesús antes de decirnos que Él es el camino, la Verdad, y la Vida. Escuchar estas palabras da calma, paz y tranquilidad. Sentimos que nos liberamos de un peso, que no tenemos nada que temer, que nuestra carga se alivia porque otro se ofrece también a llevarla sobre sus hombros. Pero ¿Como puedo no inquietarme frente a los problemas de mi vida cotidiana? Como no inquietarme frente al dolor?¿ Frente al miedo, la incertidumbre? ¿Como puedo tener paz si estoy sufriendo?¿Y en el fracaso?

La respuesta está en confiar en la voluntad del Padre. Dejar de pre-fabricar en nuestra mente una imagen de como nos gustaría que fueran las cosas, y empezar a verlas como son. Reconocer que los tiempos de Dios son distintos a nuestros tiempos. Que el fracaso,los miedos, los limites también forman parte de nuestra vida. La cuestión radica en que significan ellos para nosotros. «Decir “sí” al Señor, es animarse a abrazar la vida como viene con toda su fragilidad y pequeñez ,y hasta muchas veces con todas sus contradicciones e insignificancias» nos dice el Papa Francisco.

Notemos que este confiar no se refiere un estado pasivo, de no-acción. No significa «dejarnos estar» y ver como pasan las cosas sin animarnos a tomar una decisión, como si estuviéramos «flotando» en la vida. Por el contrario, implica un abrazo. Sabiendonos amados por Cristo tal cual somos, nos animamos a abrazar la vida. Y esto requiere, muchas veces, dejar nuestras comodidades de lado. No elegir la opción mas facil. Hacer todo lo que está a nuestro alcance, implicarnos por completo en las situaciones que nos competen. Y saber, que mas allá del resultado, nos animamos a involucrarnos en nuestra realidad.

Pero también tener en claro que la vida no es una cuestión de voluntarismos.  Si pensamos que nosotros somos los únicos que podemos arreglar las cosas, estamos al horno. Porque muchas veces nos vamos a chocar con nosotros mismos, con nuestra fragilidad humana. Y aquí es donde interviene el confiar en la voluntad del Padre. En saber que Dios tiene preparado un camino para nosotros. Y que la cruz que nos toque, no la llevamos solos, sino que hay alguien que se ofrece a llevarla con nosotros.

Nacho Lupotti

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