No el mucho saber

Uno de los consejos que da Ignacio de Loyola al que va a empezar los ejercicios es: “no el mucho saber harta y satisface el alma sino el sentir y gustar de las cosas internamente”.

En el fondo es una invitación, yo creo, a ir a lo profundo y no a la acumulación de cosas, de vivencias de experiencias. Y esto que él lo plantea en el contexto de los ejercicios es de lo más contemporáneo, y se puede aplicar a muchísimas dimensiones de la vida. Probablemente es de lo más contemporáneo porque  hoy vivimos en una sociedad que nos excita y nos estimula para vivir todo, experimentar todo, probar todo, a estar constantemente cambiando de cosas, en la búsqueda de más y más, en una especie de “¿ahora qué?”. Una especie de hambre de emociones y vivencias, que quizás encontraría una respuesta distinta si fuéramos capaces de no responder a eso por acumulación, por la suma de cosas, si fuéramos capaces de dedicarnos a ir al fondo para disfrutar, entender,  y evaluarlas.

Se me ocurren situaciones de la vida cotidiana, como cuando un chaval sale todas las noches, o las veces que lo hace es hasta las siete de la mañana y, ciertamente, no lo valora de la misma manera, por ejemplo, como cuando yo era adolescente, y salía en Nochevieja hasta las siete de la mañana, pues era la noche del año que salía en ese plan y de esa manera, y entonces todo el tiempo de anticiparlo, de evocarlo y disfrutarlo era distinto a si es algo que no deja ninguna huella.

O en este mundo de las noticias, las redes,  en donde podemos caer en un espiral de me gustas, de titulares, videos virales, mensajes que estamos recibiendo constantemente, pero en donde a veces no basta ese me gusta, hay que dedicarle un tiempo a dejar que cale, a que el mensaje  que tienen vaya más allá de un “mira que bien” y pasamos página a la siguiente, pues con esos “mira que bien” al final no hacemos nada.

Entonces, ¿cuál puede ser el camino? Creo que el camino es doble.

Por una parte hay que dedicarle tiempo a las cosas que de verdad nos importan, tiempo de preparación, tiempo de disfrutarlo, tiempo de dejar  que repose después y, como el tiempo es un bien limitado, eso implica que hay que elegir. Eso es decir que tenemos que recordarnos que no se puede vivir todo en la vida ni tenerlo todo.  Además, creo que aspirar a vivirlo todo, tenerlo todo, experimentarlo todo, es un engaño porque hay un valor, en el segundo elemento junto al tiempo, que sería una cierta austeridad vital, que supone darse cuenta de que la vida no se disfruta por acumulación sino por calidad: calidad de vivencias, de memorias, de momentos, y en ese sentido aprender a disfrutarlos precisamente porque son escasos, le da un significado mucho mayor.

Ojalá cada uno de nosotros seamos capaces de aprender a gustar y sentir internamente tantas cosas que forman parte de nuestra vida, pues así descubriremos si merece la pena apostar por ellas y compartirlas

«No el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente»
(Ejercicios Espirituales, 2)

José María Rodríguez Olaizola, sj
Adaptación

Fuente: Ignacio de Loyola: No el mucho saber

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