Francisco Javier: Un santo de hoy

Imaginemos por un momento que en la facultad, o tal vez en nuestro trabajo, nos encontramos con un compañero 15 años mayor. Una de esas personas con un pensamiento totalmente distinto al nuestro y que, además, intenta atraernos hacia su forma de ver el mundo.

Así puede haberse dado tal vez el primer encuentro entre Francisco Javier y San Ignacio de Loyola. De hecho, el primero tenía serias razones para despreciar a Ignacio. Francisco conocía el pasado militar de su compañero, y no ignoraba que había peleado en Pamplona contra las tropas de su tierra, entre las que se encontraban sus hermanos mayores.

Haciendo un poco de memoria: la famosa batalla de la bala de cañón, en la que Ignacio quedó convaleciente en 1521, enfrentó a las tropas del imperio español contra las del Reino de Navarra, de donde era oriundo Francisco Javier. Sus hermanos Miguel y Juan se enfrentaron a las tropas de Ignacio, con victoria Navarro-Francesa.

Digamos que Javier tenía más de una razón para no querer a Ignacio. Sin embargo, al igual que como sucedió con Loyola, Francisco fue haciendo un proceso de conversión que lo fue acercando al camino de la santidad.

En sus primeros años, podríamos decir que Ignacio y Francisco tenían aspiraciones similares: fama, éxito, reconocimiento, entre otras cosas. De hecho, también pueden ser los objetivos que cualquier joven hoy en día puede tener. Probablemente estas sean también tus propias aspiraciones, ¿alguna vez lo pensaste así?

Francisco dejó en el camino esas ofertas de gloria y prestigio fugaz. En gran parte fue gracias a la influencia de Ignacio y sus consejos tomados del Evangelio: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?”

El final de la historia es sumamente conocido, y podemos repasarlo en cada biografía de San Francisco Javier. Hoy, en el día en que recordamos su memoria, sería bueno preguntarnos nosotros mismos si estamos dispuestos a dejar atrás esa vida de siempre, poniéndonos en camino hacia el fin que Dios tiene para nosotros. El amor te llama, ¿qué vas a hacer?

Ignacio Pueyo

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