Es tu hora Señor, ven

Presencia de Dios: Llegamos al final del Adviento, la espera se convierte en llegada inminente. Las preguntas van a hallar respuesta, la promesa largo tiempo esperada, está a punto de cumplirse. Por eso éste es un momento especial, un momento muy valiosos, para dejar que repose todo lo que ha sido este tiempo de preparación y Adviento.

Petición: Contemplo una vez más a María diciendo sí, que su Hágase sea memoria viva de tantos actos de confianza, de generosidad y de compromiso, que abren puertas y despiertan a un mundo dormido.

Evangelio según San Lucas 1, 16-38

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo «Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo·. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo «No temas, María, porque has encontrado la gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz a un hijo, y le pondras por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de la vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel la dejó. 

Alégrate, esa es la primera palabra del ángel. A éste tiempo de Navidad van asociadas muchas celebraciones, fiestas, comidas, diversión. Pero la alegría que Tú propones es mucho más profunda. Alégrate porque Yo estoy con ustedes, nos dices. Alégrate porque el bien es posible. Alégrate porque hay un amor que atraviesa la eternidad para hacerse historia. 

No temas, otro mensaje, otro saludo del ángel. Jesús en sus vida va a repetirlo y al final de su camino también sus discípulos nos lo dirán una y otra vez. Dejo que ese mensaje se también hoy llamada para mí: no tengas miedo de Dios, del futuro, del Evangelio. Ten valor. El valor de María en camino, de José ante el misterio, de los que aceptando a Dios lo hacen presente en un mundo que no lo comprende. No, no tengas miedo.

«El Espíritu Santo vendrá sobre tí», dice el ángel. Dios con nosotros, en nosotros siempre. Esa es otra noticia que va a traer Jesús. Hay un Espíritu que es Dios, tan cercano, tan vivo y a veces ni me doy cuenta. El Espíritu actúa en cada uno de distinta manera, también en mí. Espíritu de justicia, de comprensión, de paz. Espíritu que si le dejo me ayudará a abrirme a los pobres, al perdón y al amor verdadero. ¿Seré capaz, yo también, de decir hágase. Es ahora momentos de abrirnos a la Navidad, pero sólo será real hoy si como el hágase de María, yo me atrevo a decir que sí a la llamada, a la promesa, a la alianza que Dios me propone.

Escuchemos juntos la Voz Eterna que se vuelve historia. Un hágase en el que convergen todos los sí de la historia, todos los gestos de amor verdadero, los actos de valentía, las decisiones audaces de quien escucha la voz de Dios y elige creer que es posible. Llega la Navidad, ya es inminente. En camino todos los creyentes de la historia, los buscadores de paz, pan y palabra, los testigos de la vida, los excluídos atrapados en márgenes que se vuelven centro. Llega el poder desnudo, la debilidad más fuerte de la historia, la locura del amor incondicional, el baile de quien desafía convenciones y ley muerta. Llega ya, ¿no lo están oyendo? Preparen el camino, abran la puerta, enciendan la lámpara que una vez más la alianza se hace fiesta.

Coloquio: Termino este momento de oración, comparto con el Señor lo que este Adviento significó para mí, ¿siento que me preparé para Navidad? ¿Abrí mi casa, tuve mi oído atento? ¿Preparé mi vida para que vengas? Te hablo de cómo estoy, y convierto este pequeño exámen en oración o promesa. Que esta oración te pueda acompañar a lo largo de la semana, repitiendo en tu interior una y otra vez ese anhelo, es tu hora Señor, ven. 

Rezando voy
Adaptación

 

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