El amor de María

El amor de María, no conoció de límites, traspasó las fronteras de lo comprensible.

Un amor de entrega desinteresada, un amor auténtico, leal, traducido en donación de sí a Dios y a los demás, un amor que irradia. Amor que transforma en sublime cada acto aparentemente normal y banal… amor que hace todo extraordinario.

María “Madre del Amor misericordioso”, madre de Dios, de Cristo, madre de Amor. Amor en su máximo nivel, capaz de un amor perfecto y puro. Amor inmaculado, un amor concreto y real.

“Y amó a pesar de que el mundo lo entregó…  sin preguntar por qué, a todos perdonó, pues entendió el amor, que su hijo predicó”.

A la hora del sufrimiento y de la cruz, María estuvo allí, de pie, abrazando y perdonando, entendiendo el mensaje de su Hijo, proclamando el mensaje, enseñando lo que reveló. De pie, perdonando y olvidando las ofensas recibidas, la maldad, la crueldad, las calumnias. De pie, perdonando la traición, el abandono, el olvido. De pie, amando.

Un amor que olvida, que perdona, un amor que teniendo motivos para odiar y guardar rencor elije seguir amando. Un amor tan grande que atraviesa la razón y la imaginación, un amor tan grande que no se dimensiona; un amor tan incomprensible, tan infinito que hace finita nuestra capacidad de asimilar, de entender, de amar.

Priscila Torielli

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