El Señor consuela a su pueblo

«El Señor consuela a su pueblo»… ¿Cómo recibimos a esta palabra? Pensemos en un instante nuestra situación; la de los que más queremos, la de nuestros pueblos, la de las personas que viven sumidas en la pobreza o en la injusticia; la de algún familiar, o algún amigo. ¿Qué tiene que ver este anuncio de alegría del Señor, esta «buena noticia», con todos ellos? ¿Cómo lo recibe la persona que está sufriendo, cuando ve que tantas personas se alegran con la buena noticia? ¿Cómo es eso?

Cada uno tiene su situación, lo que le pasa. Y en esto que me pasa, que nos pasa, es que creemos que el Señor nos consuela, ilumina y da esperanza.

Muchas veces en nuestra situación no podemos entender la esperanza del otro. En mi situación, no puedo muchas veces entender la esperanza de quien ha perdido un hijo, del que ha perdido un hermano, una mamá, un papá; del que ha vivido la injusticia, la ofensa, la traición. No puedo entender la esperanza en esas personas. Y es que no pretendemos entenderla, solamente acompañar, alentar, animar, orar.

Y lo que sí podemos es quedarnos en este «entender» a veces sin entender, este entender no entendiendo. Porque no se trata de entender, comprender con la razón humana, sino que poner la fe en que hay una buena noticia aún cuando el mal parece ganar sus batallas. Entender que Dios es fiel a su promesa, entender que se trata de Dios.

Y es que en el tiempo a veces es difícil, y la esperanza cae. Por eso felices los pacientes porque verán a Dios. El Señor se encarga de sostener nuestra esperanza, y nosotros como Iglesia sostenemos la esperanza. Pasa en el milagro de cuando estamos con los que más están sufriendo, los que se encuentran en una situación humana límite, que nos acercamos a ellos y nos dejan tan reconfortados, porque los escuchamos hablar de la esperanza, del amor, del perdón, del consuelo, del agradecimiento.

El Papa Francisco nos pone como mensaje este año acercarnos, escuchar la Buena Noticia que nos traen los que, despojados de todo, siguen con la esperanza puesta en el Señor. Y los que gracias a Dios estamos pasando una situación donde podemos decir «bueno, yo no estoy viviendo una injusticia, yo no paso por un gran dolor», nos toca preguntarnos ¿cuál es mi agradecimiento? ¿Cuál es mi gracias a Dios hoy, ese que estoy llamado a proclamar como Buena Noticia? 

Inés Ordóñez
Fundadora del Centro de Espiritualidad Santa María

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