Reflexión del Evangelio del Domingo 29 de Octubre (Gustavo Monzón, sj)

Evangelio según San Mateo 22, 34-40

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”. Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”.


Los seres humanos estamos hechos para amar. Nuestro corazón necesita adherirse a algo para vivir, sino terminamos un poco agobiados y con la sensación de que algo nos falta. Este domingo la Iglesia nos invita a reflexionar sobre cómo es el amor cristiano, ya que en el amor al prójimo hacemos patente el amor de Dios.

En el diálogo entre Jesús y el maestro de la ley, nos encontramos la preocupación de la comunidad de Mateo en enfatizar la importancia del amor al prójimo como regla de oro del cristiano. Esta comunidad, se forma de judíos que viven de acuerdo a la promesa de Yahvé al pueblo y creen en Jesús como el salvador y se ponen a seguirlo. Sin embargo, en su corazón queda un poco de las preocupaciones de qué es más importante amar; ¿la norma, los mandamientos, la moral?. Esta pregunta se nos hace contemporánea a nosotros. ¿En qué pongo la confianza en el seguimiento de Jesús?; ¿a qué se pega mi corazón?; ¿cuál es el mandamiento más importante?.

La respuesta de Jesús pasa por dos momentos. En primer lugar, trae el recuerdo de la Alianza, “escucha Israel, amarás al Señor tu Dios”. Eso es lo central de ser elegidos, amar a Dios. En segundo lugar, cómo debemos hacerlo, es decir amando al prójimo. Con esto estamos dando la respuesta adecuada a nuestro ser cristianos y así ser rostros de Dios en nuestro mundo.

Gustavo Monzón, sj
Estudiante Teología

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