Ver su rostro

Moisés quiso ver a Dios, pero el Señor todopoderoso le recordó que para nadie era posible contemplar su rostro sin caer muerto: Dios es una fuerza que todo lo supera y anonada. 

Pero Dios, en el seno de María, asumió rostro humano. Es el rostro de Jesús que nos revela la misericordia y bondad de Dios. Es el rostro que nos mira y que nosotros podemos mirar. María ha humanizado a Dios. Y el rostro de María es un rostro maternal y misericordioso, signo de la cercanía del Padre y de su Hijo Jesús con quienes ella nos invita a entrar en comunión.

Los ojos puros de María gozaron de la mirada de Dios. Ella pudo contemplar al Hijo de Dios entre sus brazos. Y ella es, a su vez, la mirada de Dios sobre la humanidad, signo y anticipo de nuestra última mirada: contemplar el rostro de Dios.

“Santa María de ojos limpios, destellos de tu Dios, que yo sea limpio de corazón para poder ver a Dios»

Los cinco minutos de María-Alfonso Milagro

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