Reflexión del Evangelio del Domingo 03 de Septiembre (Fabio Solti, sj)

Evangelio según San Mateo 16, 21-27

Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: “Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá”. Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras”.


En este evangelio de Mateo de este domingo Jesús en su palabra, nos invita a reflexionar diferentes cuestiones:

  1. Por un lado Jesús en su discernimiento está determinado a ir a Jerusalén para cumplir con la Voluntad del Padre. Y Pedro se lo quiere impedir.

A nosotros también puede ocurrirnos que, determinados en discernimiento, esto es en oración, nos vengan pensamientos, palabras, personas, que nos impidan intentar hacer aquello que nos pide Dios.

Ahora bien, las determinaciones, vale decir, las respuestas que damos a Dios, no son ocurrencias o ideas impulsivas que se nos ocurre hacer, llevar adelante, etc. El discernimiento implica proceso. Esto significa tiempo. Somos seres procesuales: necesitamos tiempo. Nacemos, crecemos, morimos.

En un mundo donde lo que importa es lo inmediato, la invitación es a lo mediato. A lo mediato con el Señor. Determinarse en discernimiento con Jesús no es inmediato. Precisa de tiempo. Precisa de relación en oración. Precisa de establecer lazos con Él en el tiempo y preguntarle que quiere que haga hoy por Él.

Este proceso me deja des-ensimismado. Lo inmediato tiene que ver con el ensimismamiento, con estar mirándose el ombligo todo el tiempo y no saber lo que quiero. La invitación de Jesús es a vaciarse de ese narcisismo vacuo, enderezarse y mirar el horizonte que me llena de sentido: la construcción del Reino.

Y ahora sí las palabras de Jesús tienen otro sabor: Renunciar a si mismo tiene que ver con salir de mi propio amor, querer e interés y aprender a mirar el mundo como Dios lo mira, como Dios nos mira.

2. Por último esa pregunta ultima de Jesús ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?. Y se me viene una pequeña reflexión que se comenta mucho acá, en Brasil: Nacemos sin traer nada, morimos sin llevar nada. Y en el medio del intervalo entre la vida y la muerte, peleamos por aquello que no traemos y no llevamos…

Ahora sí: la invitación es a salir de nosotros mismos, mirar el horizonte de Reino a que me invita Jesús y seguirlo: construir un mundo de amor. Amor qué no solo se dice, sino que se hace.

¡Dios nos Bendiga!

Fabio Solti, sj
Estudiante Teología

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