Reflexión del Evangelio del Domingo 03 de Abril (Emmanuel Sicre, sj)

Evangelio según San Juan 20, 19 – 31.

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos.

Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”.

Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”.

Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.

Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!”.

Él les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”.

Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”.

Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”.

Tomás respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”.

Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Éstos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

Lo primero que contrasta en las lecturas de este domingo segundo de pascua, donde aún nos encontramos bañados del entusiasmo por la experiencia de la resurrección, es la actitud de los discípulos. En el libro de los Hechos, Lucas cuenta que “por medio de los apóstoles ocurrían muchas señales y prodigios entre el pueblo; y todos los creyentes se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón”. Pero Juan nos dice “estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos”. Algo sucede para que de ser unos muertos de miedo, pasen a ser los más alegres capaces de transformar la vida de la gente a su paso. Igual con el discípulo Tomás, que pasa de ser un incrédulo a un hombre de fe.

Y sí pasan varias cosas con el evento de la Pascua de Jesús. Su resurrección por ser el centro del cristianismo no puede pasar desapercibida. Lo que nos sucede cuando creemos en la resurrección:

– es que la comunidad cerrada y ensimismada en su miedo y su dolor, se abre para que Jesús venga a ponerse en el medio nuestro y nos diga: La paz esté con ustedes.

– es que dejamos atrás los atroces momentos de cruz y nos alegramos con Jesús porque él la venció para siempre, y ya no hay que temer.

– es que somos enviados así como Jesús por el Padre, a anunciarles a los tristes y abatidos que hay salida y esperanza en medio del desánimo con nuestra boca y nuestras manos.

– es que sentimos el soplo del espíritu que nos viene de adentro y nos empuja a perdonarnos unos a otros para hacer efectivo el gran proyecto de la fraternidad universal de todos los hombres.

– es que se nos abren los ojos de la fe y ya no necesitamos comprobaciones cientificistas propias de los ojos escépticos, nos basta con el gozo y la paz que sólo Dios sabe dar al corazón abierto y humilde.

Que este tiempo tan grande para vida de los creyentes, nos enseñe a ver a Cristo con ojos nuevos, despejados de prejuicios, abiertos al perdón, la paz y la alegría, sedientos del encuentro con el resucitado para que nos dé vida en su Nombre.

Emmanuel Sicre, sj
Estudiante Teología

Publicación anterior
Quinta estación: Jesús elige a una mujer como apóstol de sus apóstoles
Publicación siguiente
Tú me salvas

Publicaciones relacionadas

No se han encontrado resultados.

Menú