Recuerdame el sentido de lo que hago

Siendo estudiante, hay etapas en que toca hincar los codos, porque llegan exámenes, hay que pasar alguna prueba más exigente. Llega la intensidad, la tensión, incluso un poco de mal humor. Hay que dejar las rutinas habituales. No se sale tanto con los amigos y muchas  de las actividades más importantes se posponen. Y tú Dios, a ti a veces te dejamos de lado en estas fechas porque ni para ti hay tiempo. O al revés, nos volvemos a ti con una oración más apremiante, más necesitada, más negociadora,  un “haz que apruebe”, “dame suerte” “haz que toque esta pregunta” que no suple las horas de estudio, por más que nos gustara. Hoy quiero volverme a ti desde este tiempo de estudio, con una oración distinta.

Mi oración, es primero un canto de confianza, y la petición es que me des fuerzas y ganas de afrontar lo que me toca en este momento.

Mi oración es también el reconocimiento de que en la vida hay que dedicar tiempo y esfuerzo a preparar el futuro. También tu Jesús pasaste por la vida oculta, cuando la actividad era más cotidiana, más escondida, más silenciosa.

“Jesús bajó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.”

Hay momentos, en que toca apretar los puños y entregarse a fondo aunque parezca que lo de ahora es menos apasionante, menos interesante, más árido, pero es parte de la vida. Es parte de cualquier vida y ciertamente, de una vida consentida. Pelear con los propios fantasmas, subir cuestas que parecen interminables, encarar lo exigente.

Enséñame señor a recordar, en la hora del esfuerzo, el sentido profundo de lo que hago.

Un escriba se acercó y le dijo: – Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas. Le dice Jesús:- las zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos, pero  el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”.

Tomar la vida en serio implica comprometerse. Ayúdame a entender que el esfuerzo de ahora es parte de la vida. Que hay días de calma y otros de tormenta, que hay etapas de júbilo, de tranquilidad y confort y otros momentos en que lo cotidiano cuesta más, pero hay que mirar hacia adelante y pensar que el estudio es una forma de construir algo sólido para mí y para otros.

“Desde la barca, Jesús hablaba a las multitudes. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:- rema mar adentro y echa las redes para pescar. Le replicó Simón: – Maestro, hemos bregado toda la noche y no hemos sacado nada, pero ya que lo dices echaré las redes. Lo hicieron y capturaron  tal cantidad de peces que reventaban las redes”.

Señor, es verdad que lo inmediato mata la perspectiva, que ahora parece que mis agobios, mis urgencias, mis exámenes son algo tremendo y que las largas horas de estudio, con lo que tienen  de aridez, son un problema. Pero la verdad, es que problemas en este mundo son otras cosas. Que estudiar, en realidad, es un privilegio y una oportunidad que no está al alcance de muchos. Por eso, en medio de este tiempo de exámenes, quiero darte las gracias.

Señor, dame tranquilidad para no olvidarte si otras urgencias lo tapan todo, dame sosiego en las horas de ahogo y  fuerzas si creo rendirme. Recuérdame lo esencial, lo importante, lo cierto. Que  sepa plantar mis cimientos en lo vivido,  lo presente y  lo futuro aunque hoy se imponga lo inaplazable. Que sea discreto en el éxito y sereno en el fracaso, aprendiendo de ambos. Dame humor, tenme paciencia. Hazme lúcido para no perder la perspectiva de este mundo amplio, de otras vidas, de otros anhelos. Tú, fuente de toda verdad, en tu presencia todo encuentra su sitio.

Señor, no sé si aprobaré o no, ojalá que sí, pero lo importante es aprender de lo que hago de verdad, para ir construyéndome como persona. Por eso, hoy te quiero ofrecer mi tarea, lo que ahora me toca hacer. Lo pongo en tus manos para que tú lo bendigas.

Padre nuestro que estas en el cielo, santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas como también nosotros personamos a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Amén

Rezandovoy
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