Pausa

En medio de tantas obligaciones, que nos marcan tiempos y que muchas veces nos apuran; que creemos indispensables, necesarias, muy muy importantes.
En medio de una sociedad que no nos deja malgastar el tiempo, no nos deja detenernos, porque el tiempo es oro, y todo tiempo debe entonces ser productivo.

En medio de la rutina, tan sistematizada, tan delimitada, y nosotros tan acostumbrados a ella.

En los apuros, en las cosas que no llegamos a hacer, que todavía nos faltan.

En la vorágine de una sociedad que muchas veces nos muestra una sola forma de ser en el mundo como válida (estudiar una carrera, hacerla en determinado tiempo, recibirse, trabajar).

En una realidad que nos lleva a todo el tiempo estar pensando desde la lógica de costos y beneficios, en donde constantemente estamos midiendo y evaluando qué nos conviene, qué es más productivo.

 

En todo esto, ¿qué lugar queda para la pausa?

¿Qué lugar queda para un tiempo que no tiene que ser productivo, si no significativo? ¿Qué lugar queda para el detenimiento, para un ocio que no genere ganancias, sino más bien encuentro, escucha, contemplación, disfrute, pausa? ¿Qué lugar queda para un tiempo desinteresado que nos permita sentir?

 

Me gustaría traer las palabras de Carlos Skliar, quien reivindica este detenimiento:

 

“Los peligros del mundo, de este mundo: el amor, la lectura, el paseo y la escritura, en cualquier orden. El amor: lo desordena todo. La lectura: lo imagina todo. El paseo: lo percibe todo. La escritura: lo perfora todo. Sin embargo, el mayor peligro siempre está en lo inútil, en la inutilidad. Eso es lo que más le incomoda al mundo, a este mundo. Hoy, en medio de tanta urgencia, la virtud podría ser la pereza, el cansancio, la parsimonia, el demorarse, la falta de prisa. Y la imagen más conmovedora quizás sería: cualquier persona que no esté apurada, ni haciendo fila, ni tan prolija, ni hablando fuerte, ni conectada.”
Carlos Skliar, “Leer en seis notas”.

 

Reivindicar la pausa. Reivindicar un tiempo de compartir con los otros, de disfrutar, de gozar. También, reivindicar un tiempo de pausa que permita aparecer la pregunta, que permita detenernos y mirarnos hacia adentro. Reivindicar la pausa (ante los ojos de una mirada utilitaria) sería entonces reivindicar una experiencia significativa con el mundo y con los otros.

 

Mili Raffa

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