Despertar los sueños

Todo el tiempo estamos en movimiento, tomamos partido y caminamos, avanzamos.

Elegimos en base a lo que enciende nuestro corazón (o lo que creemos que lo hace) y reevaluamos esa elección, cambiamos. De entre lo bueno, queremos lo mejor. En este camino que es la vida misma, estamos llamados todos los días a dar primeros pasos: a discernir dónde queremos ir y para qué, a soñar futuro con la esperanza de un mundo mejor que empieza porque podemos aportar a eso, y porque redescubrimos en nuestros sueños para qué vivimos y para quién vivimos.

Muchas veces no le damos el valor que merece a cada uno de esos pasos: no buscamos el silencio necesario para escucharnos y Escucharlo, o nos confundimos con la ficción de la alegría y permitimos que nuestros sueños empiecen a dormirse. Vivimos tan deprisa, que olvidamos que todo lo bueno necesita tiempo y valentía, y que, aunque sigamos planificando y tratando de tener todo bajo nuestro humano control, a menudo nos descubriremos sorprendidos por lo inesperado, por ese misterioso plan de Dios que nos interpela, pero, a la vez, nos impulsa a seguirlo.

¡Qué lindo descubrir que, para soñar, necesitamos despertar! Despertar a la idea de que estamos vivos, de que siempre estamos a tiempo, de que podemos volver a empezar, que somos creados para algo más, y que ese más no lo encontraremos sin confiarnos a Sus planes y enamorándonos de ellos. Despertar a los sueños… es dar un gran sí. Y una vez despiertos, todo se vuelve un poco más fácil y alentador, porque empezamos a ver en las raíces de nuestras vidas, los frutos del esfuerzo por crear ese espacio para soñar un futuro: vemos nuestros sueños hechos acción, reflejamos nuestro amor en la construcción del Reino.

¿A dónde vamos? ¿Dónde nos lleva el próximo primer paso? ¿Cuáles son nuestros sueños más grandes? Seguramente son varios. Si pensamos un poco, casi todo tiene su opuesto, su dualidad, pero a soñar sólo le juegan en contra él miedo y la inercia de la vida razonada y rutinaria, plagada de cálculos de posibilidades, pérdidas y ganancias.

Necesitamos más de ese luchar por nuestros sueños, de encontrar en ellos nuestra identidad, valientes ante el miedo y confiados como todo aquel que ama y por ello no olvida un detalle y se sabe perdonado, aunque no acierte en su caminar. Esto se resuelve fácil desde nuestra perspectiva, al volver la vista y él corazón al poder de Su Amor, para él cual no hay imposibles, y el cual siempre tiene la última palabra. Se trata de confiar en que es la capacidad propia del amor que ponemos a los que realizamos la que va construyendo lo más profundo que anhela nuestro corazón.

Ojalá soñemos a lo grande, con grandes primeros pasos, en sintonía con Sus deseos pero dispuestos a la sorpresa. Que sea tan hondo lo que anhelamos, que nos movilice a ir por más, que no nos quede otra que darnos por entero, entregando todo nuestro amor a cada paso.

Dios nos sorprende y sacude hasta nuestros sueños más olvidados e incluso aquellos que nunca hicimos conscientes. De eso se trata, de soñar en sintonía con los planes de Dios, abrazando la vida como viene, hoy y a cada paso.

Encara tus sueños hoy, que con Amor se puede.

Juliana Schenfeld

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