Movidos por la misericordia: los cuatro mártires riojanos

“Pude hablar mano a mano con él, tenía una personalidad que te captaba por completo, pero vos no te sentías invadido, te sentías profundamente identificado, que lo que vos hablabas él trataba de escucharte más allá de las palabras hasta el corazón, hasta tu yo más íntimo, con respeto pero para poder calibrar mejor lo que vos decías, para poder identificarse con tu situación”.

Padre Roberto Queirolo, sobre el obispo mártir Enrique Angelelli

El pasado sábado 27 de abril celebramos la beatificación de los cuatro mártires riojanos,  cuya muerte fue a causa de la dictadura cívico-militar de 1976. Hoy recordamos a los primeros mártires de la dictadura argentina reconocidos por la Iglesia.

Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville, Wenceslao Pedernera. Cuatro personas que dieron hasta la vida por hacer real la buena noticia del evangelio. Por hacer de la Iglesia un poco más cercana a cómo la hubiera querido Jesús: una Iglesia misericordiosa, con el corazón puesto en los más pobres.

Los mártires riojanos no vivieron su fe desde el realizar meras obras de caridad. Configuraron su vida en torno al principio de misericordia, paz y justicia; lo que los llevó a salir del silencio, la indiferencia y la quietud; y a denunciar la injusticia y la opresión de la vida de los campesinos y el pueblo riojano.

A Enrique Angelelli, sacerdote entonces, lo designan en 1968 a la diócesis de La Rioja. Allí se encontró con una realidad social compleja, dividida entre una minoría terrateniente, y una mayoría de hombres y mujeres hijos de inmigrantes, pueblos originarios y criollos que vivían en la pobreza, trabajando como mano de obra semi esclava. Quienes lo conocieron lo recuerdan como una persona alegre, de buen humor, cercana. Sus amigos le decían “pelado”. A los 45 años Enrique es designado obispo. En su escudo episcopal grabó las palabras “paz y justicia”.

Promovió la formación de cooperativas de campesinos y alentó la organización sindical de los peones rurales, los mineros y las empleadas domésticas. «La tierra es para todos, el agua es para todos, el pan es para todos», decía celebrando. En el Movimiento Rural Diocesano se creó la cooperativa Codetral, que entre otras cosas reclamaba la expropiación del latifundio Azzalini.

Su prédica a favor de la justicia social fue como una piedra en el zapato para las familias ricas de la provincia gobernada entonces por Carlos Menem. Lo que poco después se tradujo en la persecución de los dirigentes rurales y fuertes críticas al obispo al que se calificó de «zurdo», aun cuando él también se oponía abiertamente a la violencia armada.

Fuente: Infobae

Enrique murió a causa de un accidente automovilístico provocado, justo en el momento en que regresaba del velorio de sus otros tres compañeros: los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, y el laico Wenceslao Pedernera. Ellos tres habían sido torturados y asesinados por la dictadura, a causa de defender, luchar y denunciar las injusticias de una sociedad desigual, que no deja perder su privilegios tan fácilmente, y a costa de todo.

En su visita a La Rioja en 2006, Bergoglio habló de Enrique Angelelli como «un pastor enamorado de su pueblo, porque lo acompañaba hasta las periferias geográficas y existenciales clamando por la justicia» y lo definió como «un hombre de encuentro, de periferias, que pudo vislumbrar el drama de la patria».

Mili Raffa

Fuentes: Infobae, y Radio María

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