La ilusión del reciclaje

A partir de un hecho concreto, y de una reflexión, es que quiero traer la problemática del consumismo y su contracara: el impacto en el medio ambiente. Creo que si bien tenemos contacto diariamente con campañas de movimientos ecológicos («recicle, separe la basura, cuide la energía y el agua, etc.»), pocas veces nos detenemos a mirar de frente a esta problemática, y pocas veces nos interpelamos con su complejidad, seriedad y también urgencia. Porque se trata de nuestra vida aquí. Se trata también de la vida de otros que está siendo afectada, dañada y perjudicada.

El hecho nos es lejano, sucedió en Francia, pero creo que aún así tiene algo para decirnos, como sociedad consumista y globalizada. El ministro francés de Transición Ecológica y activista ambiental Nicolas Hulot renunció a su cargo. Ha alegado como motivo de su renuncia la falta de avances en la materia y la incapacidad de cambiar las cosas, así como la presencia ‘lobbies’ en los círculos de poder. Aseguró estar desencantado la incapacidad personal de la sociedad en su conjunto, para cambiar “el modelo dominante” liberal que está destruyendo el medio ambiente. Aseguró que es significativa la presencia de grupos de presión en los círculos de poder y que es el conjunto de la sociedad la que está en contradicción.

A partir y en relación a esto, comparto la reflexión de Mariano Durand, SJ:

Las campañas en favor del reciclaje no llegan a generar un impacto representativo frente a la pretensión de vivir, dentro de un solo planeta, consumiendo el equivalente a cuatro planetas tierra. Independientemente de lo que consumamos, el mero volumen de lo que consumimos está haciendo colapsar el medioambiente.

Claro que el plástico es una plaga para el medioambiente y las campañas para limitar su uso o reutilizarlo pueden ser bien intencionadas. Pero no podemos creer que reemplazando un recurso sobreutilizado lograremos mucho. ¿Es que no hay alternativa? ¿Nos rendimos? En absoluto: duplicamos la apuesta y nos enfocamos en el origen del problema, no en sus consecuencias.

La cuestión está en replantear nuestro modo de vida. Es un enfoque al que no llegan las grandes campañas. Los medios masivos que generan contenidos para el gran público usualmente llegan hasta el punto de proponer que ‘es preciso –hasta urgente- hacer algo’ por este planeta. Difícilmente superan el límite de la concientización y rara vez sugieren alguna acción colectiva de real impacto.

Irónicamente, son las principales industrias contaminantes las que fomentan grandes campañas mundiales por el medio ambiente para mostrarse ‘socialmente responsables’. Con esto se aseguran de controlar la crítica y crean la ilusión de que los consumidores asumamos también cargas de responsabilidad ¡pues es la única alternativa!

Así reducen el compromiso por el medio ambiente al mero hecho de que cada uno asuma la responsabilidad de las decisiones personales. Además de instalar la creencia errónea de que una mejor forma de consumismo salvará al planeta. Mientras tanto, distrae la atención frente a los problemas estructurales: un sistema político rehén de los intereses comerciales, un sistema económico que postula la codicia sin medida, un esquema social que se sostiene en la imposición de mayores cargas a quienes menos tienen.

Desde ya que podemos minimizar el impacto de nuestro consumo, pero no será ‘asumiendo cada uno su propia responsabilidad’ como revertiremos la ecuación. Ni de lejos.

Principalmente, porque nos mantenemos en la ignorancia en relación a los impactos de las industrias en la naturaleza (las explotaciones pesquera, petrolera y de agrotóxicos podrían bastar de muestra). El poder corporativo hace todo lo posible por persuadirnos del ‘gran esfuerzo’ del que nos debemos sentir capaces de hacer, mientras nos mantengamos en la esfera de su conveniencia. Y mientras nos hacen asumir la carga del impacto que generan.

Si realmente queremos cambiar esto tendremos que asumir una actitud radical: vivir con simpleza, austeramente.

Claro que seremos criticados, marginados, estigmatizados, sospechados. El mercado se pondría muy nervioso por el simple hecho de no someternos a sus designios.

Para que seguir viviendo en un solo planeta sea viable, comencemos por reducir nuestro propio consumo. Pero también enfrentemos el poder corporativo dominante, revirtamos los resultados políticos y restrinjamos al sistema que se alimenta a sí mismo consumiendo el mundo.

Si queremos defender el planeta, no parece haber otra alternativa que cambiar el mundo.

Mili Raffa

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