La alegría huidiza

Hay momentos en los que todo se te cae encima. Sin dramatizar, sin estridencias, quietamente. Sientes que se hunde el terreno en el que construyes tus ilusiones y esperanzas. Te pesa la soledad. Dudas sobre lo que haces, pero no ves muchas alternativas […]. A veces hasta nos faltan palabras para expresa tal desazón.

Pero eso es parte de la vida. Del camino de todos los hombres y mujeres que deciden construir algo,soñar algo, amar algo. Porque cuando apostamos por alguna causa que nos llena, al mismo tiempo nos enganchamos al vagón de la incertidumbre, aceptamos ser vulnerables y exponer nuestro ser profundo.Y en esos momentos necesitamos saber que no vamos solos. Nunca.

Desde entonces, de mil formas, creemos en un Jesús que está en los caminos. A veces, como aquellas mujeres, como los discípulos, nos sentiremos frustrados,vacíos o cansados. A veces nos asustarán las opciones que creemos buenas. A veces,en fin, no sabremos qué hacer. Y, sin embargo, unas manos heridas pero tiernas se siguen abriendo hacia las nuestras, y un susurro imperceptible sigue cantando: No tengas miedo. No te quedes parado. Vete a algún sitio. Y búscame, que me encontrarás.

Quien deja de buscar, quien cree haber llegado al final del camino, quien siente haber alcanzado todos sus sueños,en parte deja de vivir. Nuestra búsqueda tiene mucho en común con esta María. Habrá momentos de desconsuelo, y otros de reconocimiento. Sentiremos aveces sequedad, y en otros instantes mágicos percibiremos la hondura, la verdad, la alegría de un Dios que me llama por mi nombre, que me tiene tatuado en la palma de su mano, que me ilusiona. Y, como María, tendremos que acoger la alegría cuando venga, y al tiempo saber dejarla marchar, sabiendo que eso es la vida, una especie de baile, de camino, de canción que no se detiene en un punto único, sino que siempre sigue. No intentes aferrar la alegría o poseerla; acógela como un regalo, disfrútala como un don, y si hace falta déjala marchar, que en otro recodo del camino volverá, nueva, fuerte, viva, como compañera del camino, no como única meta.

PastoralSJ

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