Jueves Santo. Un día para celebrar al amor

Los ignacianos, bien enseñados por San Ignacio, sabemos que el amor es acción. Si el amor queda sólo en razonamientos y justificaciones es un amor incompleto.

Pero hay que reconocer que esta separación entre obra y palabra es algo nuestro o de nuestra época. En la Biblia, no existe tal división.

Ya desde el inicio se ve que lo que Dios dice lo hace: “dijo Dios ‘haya luz’, y hubo luz” (Gen 1,3). Así, en el inicio Dios ha creado el universo por su palabra, y así lo llevará a plenitud en la Jerusalén Celestial del Apocalipsis. Creación, Palabra y Amor van juntos en nuestra historia de Salvación.

En el Jueves Santo se revive la totalidad de la historia pero en lo concreto de un día. Según Ex 12,11 es el día en que se recuerda la pascua del Señor, es decir, el paso de Dios por la vida del pueblo. Dios pasa pero también pasa el pueblo. Pues es el mismo pueblo el que atraviesa el Mar rojo, pasando de la oscuridad de la esclavitud en Egipto a la luz de la libertad en la tierra prometida. Una tierra que es promesa pero también destino.

Jesús, como buen judío, también celebraba la pascua. Pero no era sólo un rito que debía cumplir. Él vive su propia pascua, “el paso de este mundo al Padre”. Por eso, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Jn 13,1). Jesús vive el Amor que se hace acción, que se hace gesto concreto de servicio, y por eso crea una nueva realidad, un nuevo modo de relación, no desde la soberbia que se posiciona desde arriba sino desde la humildad que sirve desde abajo. Su vida hecha Palabra se convierte en acción que sirve y ama.

También para nosotros, la Pascua supone un paso, un movimiento. Y nadie se mueve permaneciendo en el mismo lugar o en la misma situación. El movimiento siempre se da ‘desde aquí hacia allá’ o ‘de esto hacia aquello’. Tal vez sea un movimiento de retorno, de vuelta a casa, o un movimiento de salida de uno mismo hacia otros. Pero debe ser un movimiento de creación, que traiga vida, como la creación misma de Dios.

El Jueves Santo es el día para recordar al amor. Es el día para celebrar nuestra libertad de hijos y hermanos. Es el día para animarnos a compartir el mismo pan, para ser com-pañeros de camino.

Feliz Pascua para todos.

Alfredo Acevedo, sj

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