«Hola». El acontecimiento

No se trata de un saludo convencional o ritual sino de una apertura a la experiencia. Se trata de desarrollar una actitud bondadosa ante el acontecer. Quebrar la resistencia inútil que sufre ante lo que no puede evitar que suceda y se abra a la novedad.

Si nos cerramos y nos ponemos tensos ante la experiencia nuestro contacto con ella será más conflictivo y doloroso. «Hola» es la capacidad de estrenar la realidad.

Estrenar la realidad supone tener un sitio existencial para ello: el hola implica un adiós al inmovilismo, a la rigidez, al tradicionalismo, al estancamiento. Adiós a la vocación de castillo herméticamente cerrado y defensivo.

Hola es la capacidad de acoger acontecimientos. Lo que acontece puede ser asumido o no por nosotros, pero es un dato de la realidad.

Si nos abrimos a ese acontecimiento podremos dialogar con la realidad. Y este diálogo se inicia con un hola, con un reconocimiento y un saludo a esa realidad. Hola es la posibilidad de cambio para seguir siendo nosotros mismos de una manera distinta.

La mujer, el hombre, si quieren ser fieles a sí mismos tienen que cambiar. La vida es intercambio con el medio y cambio por dentro que se refleja en las respuestas diversas que damos a los estímulos que inciden en nosotros.

Decir hola cuando nace de la espontaneidad, elección y verdad de uno mismo, supone no estar programado.

Para esta tarea es necesario poder decir hola a la novedad que puede tener en su rostro una antigua sabiduría, decir hola al asombro, decir hola a la libertad. Soy libre para saludar a la realidad con lo que quiero y elijo entrar en contacto. La libertad de un hola no programado es la capacidad de interesarme por algo que, creado por mí o por otros, se cruza en mi camino.

  • Hola es la capacidad de sorprenderse en una apertura que nos enriquece relacionándonos, escuchándonos, vinculándonos a aspectos de la vida que pasarían anónimamente a nuestro lado si no les llamamos diciendo hola.
  • Hola es la creatividad de un proceso vital que fluye y que exige atención al presente, abierto con la experiencia adquirida y susceptible de suministrarnos mensajes y aprendizajes que pueden mejorar la calidad humana de nuestra vida.
  • Hola es una palabra profunda, hermosa, porque es reconocer que no puedo controlar todo.

Decir hola es decir «muchas cosas me van a pasar en la vida y no las puedo controlar» pero sí puedo controlar si les voy a decir hola o no. Depende de mí el cómo voy a afrontar la realidad.

Hola es también una invitación al diálogo con la realidad, porque la realidad nos está llamando por nuestro nombre: yo puedo negarme a la realidad e inventarme un mundo o abrirme a la realidad y decir hola.

Hola es la invitación a escuchar la realidad y por lo tanto un comienzo de transformación de la realidad: el umbral del futuro.

Aprender a decir hola es saberse relacionado con un entorno más amplio que nuestro propio ombligo. Es ir constatando que no somos islas, que estamos, por muy individuales que seamos, rodeados de personas que interpelan nuestra palabra y la primera de esas palabras que establece un puente con el otro es un hola.

Al negar un hola estamos negando mucho más que un saludo, estamos negándonos la capacidad de conocernos y conocer al otro, de perdonarnos y perdonar al otro, de entender mejor una realidad que a su primer impacto nos antojó hiriente e injusta. 

Hola es lo que los antiguos llamaban captación de la benevolencia, es decir, poner un pórtico a una relación que se presupone pacífica, no agresiva, y abrirnos a lo que otro nos dice y comunica, a la vez que, asertivamente, podemos transmitir al otro nuestro sentir y querer.

Escuchar un hola puede, en ocasiones, despertar nuestras defensas y desatar nuestros miedos, pero si no nos encerramos en ellas o no nos bloqueamos por los miedos, la palabra hola es una mano tendida: un contacto humano. 

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