Francisco Javier: enviado a servir

«Javier se identifica siempre con los pobres y los más desvalidos: siendo legado pontificio, en viaje a la India, trabaja en el barco como un simple peón; acude a los enfermos y a los moribundos; en su apostolado se señala personalmente en su eximia pobreza y desprendimiento de todas las cosas; se decide a favor de los esclavos en contra de los negociantes de Portugal que quieren explotarlos. Y todo esto con un celo insaciable, a un ritmo siempre creciente, con horizontes cada vez más extensos, hasta que con el alma llena de ilusión apostólica desfallece su cuerpo en la isla de Sancián, frente a las costas de China, a la que quería entrar para convertirla a Cristo. Al morir, tiene sólo 46 años».

Pedro Arrupe, sj
Javier, hombre de misión

“Muchas veces me vienen pensamientos de ir a los estudios de esas partes, dando voces como hombre que ha perdido el juicio, y principalmente a la universidad de París, diciendo a los que tiene más letras que voluntad para disponerse a fructificar con ellas: ¡cuántas almas dejan de ir a la gloria y van al infierno por la negligencia de ellos! Y así como van estudiando en letras, si estudiasen en la cuenta que Dios nuestro Señor les demandará de ellas, y el talento que les tiene dado, muchos de ellos se moverían, tomando medios y ejercicios espirituales para conocer y sentir dentro en sus almas la voluntad divina, conformándose más con ella que con sus propias afecciones, diciendo: Señor, aquí estoy, ¿qué quieres que yo haga? Envíame donde quieras; y si conviene aún a los indios.
Está en costumbre decir los que estudian: Deseo saber letras para alcanzar algún beneficio, o dignidad eclesiástica con ellas, y después con tal dignidad servir a Dios. De manera que según sus desordenas afecciones hacen sus elecciones. Estuve casi tentado de escribir a la universidad de París, cuántos mil millares de personas se harían cristianos, si hubiese operarios, para que fuesen capaces de buscar y favorecer las personas que no buscan sus propios intereses, sino los de Jesucristo. Muchas veces me sucede tener cansados los brazos de bautizar, y no poder hablar de tantas veces decir el Credo y los mandamientos en su lengua de ellos”

“Estas islas son muy peligrosas por causa de las muchas guerras que hay entre ellos. Es gente que dan veneno a los que mal quieren y de esta manera matan a muchos. Les doy cuenta de esto, para que sepan cuán abundantes son islas estas de consolaciones espirituales: porque todos estos peligros y trabajos, voluntariamente tomados por solo amor y servicio de Dios nuestro Señor, son tesoros abundantes de grandes consolaciones espirituales. Nunca me acuerdo haber tenido tantas consolaciones y tan continuas como en estas islas, con tan poco sentimiento de trabajos corporales; andar continuamente en islas cercadas de enemigos, y pobladas de amigos no muy fijos. Mejor es llamarlas islas de esperar en Dios, que islas de Moro”.

“Muchas veces pensé que los muchos letrados de nuestra Compañía que vengan a estas partes, sentirán muchos trabajos, y no pequeños, en estos peligrosos viajes hasta pareciendo que será tentar a Dios acometer peligros tan evidentes, donde tantas navíos se pierden; pero después pienso que esto no es nada, porque confío en Dios nuestro Señor que las letras de los de nuestra Compañía han de estar acompañadas por el espíritu de Dios que en ellos habitará, porque de otra manera tendrán trabajo y no pequeño. Casi siempre llevo delante de mis ojos y entendimiento, lo que muchas veces oí decir a nuestro bienaventurado Padre Ignacio, que los que formaran parte de de nuestra Compañía, tendrían que trabajar mucho para vencerse y lanzar de sí todos los temores que impiden a los hombres la fe y esperanza, y confianza en Dios, tomando medios para eso; y aunque toda fe, esperanza, confianza sea don de Dios, se la da el Señor a quien le parece; pero comúnmente a los que se esfuerzan, venciéndose a sí mismos, tomando medios para ello”. 

Adaptación de cartas de San Francisco Javier a sus compañeros

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