El sepulcro vacío: la alegría de vivir

Domingo de Resurrección. Domingo de Pascua y el sepulcro está vacío. Desconcierto, duda, miedo, sentimientos que se tornan, poco a poco, y a la luz de la fe y el amor en entendimiento, en luz sobre la sombra de los corazones de los amigos de Jesús, en alegría, porque el Mesías estaba vivo, había resucitado.

La pregunta que podemos hacernos hoy, quizás, es: ¿cómo podemos entender y vivir la resurrección de Jesús?

Jesús murió por nosotros, como ya sabemos, para salvarnos, para limpiarnos de todo lo malo. Pero también resucitó. Y lo hizo para que hoy y siempre tengamos presente que la muerte no tiene la última palabra. Para que entendamos, con el corazón, que nuestra vida vale, sigue e importa. Que tenemos que vivirla a pleno, por y con él, y con alegría, para que la tristeza de la pérdida no nos hunda en las tinieblas. Verlo resucitado implica entender, pero entender en lo profundo, entender con fe ciega que la muerte no vence nunca, que la vida siempre triunfa, que aquellos que se fueron están junto a él, que él volvió con nosotros para mostrarnos eso, para que no lo lloremos, sino para que lo festejemos, para que vivamos con regocijo nuestra vida de cristianos, sumidos en el amor.

La Pascua supone caminar, supone hacerlo y, en el proceso, darnos cuenta de que nunca estamos solos. De que Jesús no nos va a dejar solos, ni caer, ni hundirnos. Implica, otra vez, entender, que ese Dios que se humilló por nosotros está al lado nuestro, caminando paso a paso, confortándonos cuando estamos mal, curando nuestras heridas, llevándonos cuando creemos que no podemos caminar más.

Creo que, además, es ver que este Dios humano resucitó y cuando lo hizo, no dejó de tener las llagas en sus manos, en sus pies y en su costado. Su resurrección es motivo de alegría para quienes creemos, pero también es motivo de fuerza para seguir siendo y viviendo en el día a día. Recordando que somos finitos, débiles, que nos lastimamos y caemos, pero que, como Jesús hizo, nos vamos a volver a levantar y creo que un mensaje más es el de no rendirse. Él no lo hizo y no quiere que lo hagamos y lleva sus llagas para ayudarnos a cargar con las nuestras, para que no caigamos en los desánimos de la vida.

Hoy empieza la Pascua, tiempo de seguir amando al mejor estilo de Jesús, y, como diría San Ignacio, siempre más en las obras.

Coqui Benitez
Grupo de Comunicación San Ignacio
RJI Santa Fe

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