Verdaderamente generosos

Cuando uno cuenta a amigos, o hasta a su propia familia; “Me voy a misionar” te cuestionan diciendo… “¿vas a dejar tu familia, tiempo, amigos, tu novia, celular, fiestas y todo lo relacionado con las ‘vacaciones’ de Semana Santa para irte de misión y compartir momentos con personas que no conoces??

Para mí, misionar ha sido, es y será una experiencia única e irrepetible, en ella se descubre uno mismo, sus cualidades, se sorprende de lo maravilloso que uno tiene en darse a lo demás, de como Dios habla a través de amigos, de compañeros de misión, de las personas que uno va a visitar a las casas.

Podría dividir a la misión de dos maneras:

El shock con la realidad

Primero porque salir de la ciudad de Santa Fe y solo cruzar una laguna para llegar a ALTO VERDE.

Lo que me llama la atención siempre es como unos minutos se ve otra realidad. Siempre es la misma pregunta que me hago.

Conocer estas realidades explica cómo muchas personas no hacen nada por los demás.

Pero me pregunto si realmente las personas no saben lo que pasa en Alto Verde. ¿Será que vivimos en burbujas tan cerradas? O, ¿será que la televisión nos ha vendido otra imagen? O, ¿será que ver tantas escenas o noticias ya se anestesiaron? Y así catalogamos a mucha gente de ahí.

Después de vivir, convivir, compartir momento y charlas con la gente de ahí uno se da cuenta como los medios agrandan las cosas.

El encuentro con Dios

Al encontrarse con Dios, uno se da cuenta de los dones que Él le regala: inteligencia, alimentación, confort, los mejores médicos y hospitales, automóvil, computadora, trabajo, salud, amigos sanos, familia y la Fe Católica. Darse cuenta que debo compartir todo eso con los demás, que debo dejar algunas cosas para ayudar a los otros. La felicidad está en dar!

La gente no tenía nada, y aun así te ofrecían un mate, un vaso de agua,  una torta asada o nos invitaban a comer… ¡Son personas sencillas pero que tienen postgrado, maestría y doctorado en generosidad!

Debemos aprender de la sabiduría de esta gente ¿Qué saben ellos? ¿Por qué no tienen nada y son felices? ¿Por qué son tan generosos si no tienen nada?

Concluir que mi misión fue, no en uno, y sí en dos lugares abandonados: Uno se llamaba Alto Verde  y el otro… mi propio corazón.

Descubrí que mi corazón es a veces más desierto, más seco, más pobre de lo que uno se imagina. Descubrir que todo lo que tengo por fuera no llena, al revés, puede estancar mi corazón. Sólo Dios tiene el poder de inundar con la satisfacción, la felicidad y el Amor. Él es el único que nos puede enseñar a ser como esa gente: desapegados, sencillos, alegres, verdaderamente generosos y felices. Él es el único camino

Mauro Torres
Misión de Pascua 2017 (Alto Verde, Santa Fe)

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