Paris, estudios y compañeros

Aquel loco por Cristo, a quien Dios le había ganado el corazón en Pamplona, llega en su peregrinar a París. Movido por el deseo de servir más profundamente a su Señor, cae en la cuenta del valor que poseían los estudios para la misión que Dios le había encomendado. La ciudad de las luces encontrará en Iñigo de Loyola, a un hombre, en el que irá descubriendo su temple, fortaleza y dedicación.

Sin embargo, habrá otra promesa de Dios que se irá descubriendo por los corredores de París. Si bien, estaba ya presente en los deseos del peregrino, hasta aquí no había podido concretarse. Nos referimos al grupo de “los primeros compañeros”.

Este enamorado de Dios, que era conducido como un niño de escuela por su maestro, encontrará a través de los ejercicios y charlas espirituales, propagar el amor de Dios a las personas que se van cruzando en su camino.

Será a través de los ejercicios espirituales sobre todo, que el Señor le regalará compañeros a Ignacio. A partir de su estancia en París, el sueño del convaleciente de Pamplona habitará también en el corazón de los primeros amigos en el Señor.

París, marcará en la vida de Ignacio, los comienzos del diálogo en el discernimiento de cara al futuro. En adelante, no solo serán los deseos de Ignacio los que empujarán al grupo, sino también el de sus compañeros.

En este día, renovemos en cada uno de nuestros corazones el deseo que empujó a Ignacio de Loyola. El de buscar otros locos por Cristo, que se animen a buscar y hallar la voluntad de Dios para sus vidas.

Franco Raspa, sj

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