Magnificat

“En aquel tiempo, María dijo: – Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador porque ha mirado la humillación de su esclava.”

El Magníficat, el gran canto de la Santísima Virgen en su visita a la casa de Santa Isabel, el espejo del alma de María, el mejor retrato que tenemos de ella, reflejo de lo que habita en su corazón, un estallido de alegría.

Mi pregunta es… ¿Cuál es hoy nuestro Magníficat? ¿Cuál es el canto que nos llena de gozo?

Porque a pesar que a lo largo del día hayamos hecho, quizá, cosas malas, en todos nosotros hay mucho más de bueno que de malo.

Porque en todos nosotros hay mucho mas de gracia que de pecado.

Porque en todos nosotros hay más obra de Dios que obra nuestra.

Porque en todos nosotros hay mucho mas de santos que de pecadores.

¿No deberíamos proclamar, como María, las maravillas que Dios hace en nosotros? ¿Pensar al terminar el día en nuestro Magníficat?

El “Magníficat” de la bondad que hemos regalado a los demás.

El “Magníficat” de las sonrisas que hemos obsequiado a los que están a nuestro lado.

El “Magníficat” de tantos gestos de servicio para con los demás.

El “Magníficat” de las penas y sufrimientos que hemos aliviado.

El “Magníficat” de las soledades que hemos acompañado.

El “Magníficat” de ser templos del dulce huésped de nuestras almas.

El “Magníficat” de los milagros de amor que se produjeron en nosotros.

El “Magníficat” de que seamos más que nuestras debilidades.

El “Magníficat” de que siendo pecadores podamos ser santos.

Priscila Torielli

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