La solidaridad nos hace felices

Cuando uno dice solidaridad estamos hablando en clave del corazón, en clave de los afectos, un afecto que baja a las manos y que nos hace felices, como dice Isaías hay que comenzar por los nuestros, a veces uno puede estar tentado de ser muy solidario hacia afuera, ser apóstoles del afuera y los monstruos de casa, por eso debemos recordar que la primera solidaridad, es hacia los nuestros.

El peor de los pecados que un hombre puede cometer es no ser feliz, porque es la primera exigencia del evangelio, cuando dice bienaventurado, significa feliz de ustedes. Si hoy te preguntás, cuál es tu vocación, podrás tener muchos caminos, pero hay un primera vocación que es ser feliz, porque el que es feliz, hace feliz a los que Dios puso al lado suyo.

Lo unimos a la solidaridad, porque uno es feliz al dar, y al revés, lo que no damos, lo que reguardamos, lo que protegemos, lo que escondemos abajo del colchón o abajo del corazón, es lo que normalmente se vuelve peso de tristeza, el amor tiene esa lógica misteriosa que crece al darse.

La solidaridad habla de humanidad, habla de trato cordial. El servicio solidario en el mundo de hoy significa poseer la sensibilidad de que nos duele al menos un poco el dolor de los dolidos, que nos duela lo que otros sufren, y que no podemos evitar sentirlo como propio, y asi obrar en consecuencia. Algo podemos hacer por los demás, y si algo es posible hacer por los demás, debemos hacerlo. Monge, moralista jesuita, decía, sino podemos hacer lo ideal hagamos lo posible. Porque a veces como no se nos da lo ideal, no hacemos nada.

Somos conscientes de que hay realidades que no podemos manejar, que superan nuestras modestas posibilidades, cuestiones de macroeconomía, cuestiones de política internacional, cuestiones de juegos de los poderosos que ciertamente nos supera, realidades contra las cuales se estrellan nuestras ilusiones de quienes quisimos ayer y seguimos soñando hoy de cambiar el mundo, sin embargo en el escenario más cercano, en el contexto de las cosas cotidianas podemos hacer algo bajo la bandera de la solidaridad, algo podemos hacer para apagar una lágrima, para mitigar una herida, para acompañar una soledad, para satisfacer un vacío en el alma o en el vientre, algo podemos hacer y así sentirnos más humanos y más felices.

Hay un gozo de la solidaridad, que deberia plantearse como una pedagogía posible, aprender a gozar la solidaridad como camino de crecimiento del alma.

Ángel Rossi, sj
Adaptación de la charla «La solidaridad nos hace felices»

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