Dispuestos a perder

“Hay que Perder para Ganar”

Cuantas veces escuchamos esta frase… Puede entenderse fácilmente, así como también decirlo, pero seguramente todos sabemos que no lo es.

Para ganar, hay que estar dispuestos a perder. Dispuestos a perder aquello por lo que nos esforzamos mucho tiempo, soltar aquello que no nos hace bien, aunque sea algo por lo que luchamos y creímos con firmeza. No se puede estar todo el tiempo hablando de los sufrimientos e injusticias que tocaron nuestra puerta, tenemos que estar dispuestos a soltar, dejar atrás… perder para ganar. Para ganar algo nuevo, diferente, mejor.

Es necesario perder para ganar… como cuando nos encontramos en una relación que se volvió tempestuosa, como cuando los sueños que un día alimentaron nuestras ganas de vivir ya no son posibles, como cuando aquellas personas con las que compartías tus alegrías y tristezas ya no están ahí, como cuando todo se volvió sombrío y solo deseas que todo sea un mal sueño para despertar de todas esas tristes realidades… es necesario perder para ganar.

Por miedo a la soledad acabamos aferrándonos a los recuerdos, a lo que ganamos, a lo que llevamos tiempo guardando. Todo en la vida requiere esfuerzo. Cuantas veces nos olvidamos de que nada en nuestras vidas nos pertenece, ni siquiera nuestra propia vida, todo es un regalo… por eso, muchas veces debemos perder para levantarnos y ganar de nuevo.

La finalidad de aprender a perder, es que volvamos a creer en nosotros… en nuestra capacidad de lograr cada uno de nuestros sueños, en nuestra capacidad de auto-superarnos día a día, volver a pensar en que si queremos lograr algo, podemos hacerlo.

La paciencia es una de las habilidades más difíciles de lograr para todos, ella implica desprenderse de expectativas y resignarse a que las cosas sigan su curso. Tolerar el saber perder, el resignarse cuando no hay más nada que hacer. Aceptar, aceptar aunque sea a regañadientes.

Hay que perder para ganar, porque dentro de esa pérdida volverás a renacer, volverás a vivir la vida sin estar sufriendo o sin estar todo el día hablando de tus penas. No es nada fácil volver a entregar el corazón cuando solo querés llorar, no es nada fácil volver a reír sin parar, pero se puede… si pones de vos, se puede.

Pri Torielli

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