Corazón en mano

Llevo pensando hace un tiempo que, algunas personas pueden imprimir en nosotros una sensación de abrazo con solo una mirada. Siento que, existen aquellas que, con solo mirar te hacen sentir amados…

Creo, además, que tienen un secreto, un secreto que los hace especiales. Son personas que llevan el corazón en su mano; sí, llevan un corazón con más latidos porque vive “inflado” de todo lo que es capaz de sentir. Un corazón que siente más, ama más, vive más, pero que también, sufre más… Porque en ellos no hay trucos, porque no tienen muros ni mucho menos imposibilidades para ir a su encuentro, porque están expuestos. 

Quiénes caminan con el corazón en su mano son auténticos y cuentan con la increíble capacidad de desnudarse de aquellas máscaras o armazones humanos. Sienten magia, viven con un corazón alborotado y conmovido por la belleza de lo ordinario. Llevan un corazón enamorado, pero de un enamoramiento que va más allá de una pareja; se enamoran de sus amigos, de su familia, de cada persona con la que comparten el día a día. Viven el enamoramiento como un estar “en – amor”.   

Y ese corazón camina y recorre el mundo en busca de esos encuentros que potencien su alma. Porque entienden y viven un amor que no puede ser contenido, tiene que expandirse, tiene que darse, sienten un amor que excede al cuerpo humano…

Pero, aún así, siguen disfrutando el viaje y viven la llegada o encuentro al destino como un lugar donde descansar para seguir caminando.

Aquellos que tengan mi misma suerte y puedan encontrarse con alguien que lleva su corazón en mano podrán reconocerlo a distancia, a metros e incluso kilómetros. Porque un corazón así, brilla, ilumina; porque no puede ignorarse o dejar que pase desapercibido… 

Quien camina así, encandila, moviliza, genera un sin fin de sensaciones… Por eso, quienes se encuentren con alguien así, se verán conmovidos por su manera de vivir el viaje.

Y no, no se trata de un corazón sin cruces, sin llantos, sin miserias… Sino, de un corazón dispuesto a ser entregado, de un corazón que frente a tanto sentir, vivir y latir, creció inmensamente y hoy es imposible acallarlo.

Y vos… ¿qué esperas para llevar tu corazón en la mano? 

Clarita Alesandria

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